Renato Palmuti

•13 octubre 2011 • 3 comentarios

 

 Renato Palmuti

Anhelos líquidos

•10 octubre 2011 • 5 comentarios

Tras varios minutos de agonizar me he despertado de un sobresalto. No he podido levantarme hasta que no he recuperado la total movilidad en mis extremidades.

Mi cuerpo, completamente agarrotado, me ha obligado a mantenerme fosilizada en la cama durante un lapso de tiempo, para mí, interminable.

Los tobillos pesan como dos plomos acomodados malintencionadamente. Los hombros abiertos y tensos, no me permiten mover ni un solo ápice del torso. También mis brazos permanecen rígidos e inmovibles. El intento del más mínimo movimiento me produce un cansancio sobrenatural.

Existen episodios que nos dejan así. Y, a veces, hasta perdemos por completo la noción del tiempo.

Cuando he conseguido ponerme en pie, he andado a oscuras hasta llegar al baño. Hoy me gusta sentir el tacto del frío gres en la planta de los pies. Me gusta mucho.

Llego al lavabo, donde tampoco encenderé la luz. Veo la sombra de mi silueta reflejada en el espejo.

Aquel espejo que estaba abandonado en una tienda de antigüedades, y del  que me enamoré perdidamente hasta conseguirlo. Recuerdo como si fuese ayer aquel gélido invierno, a mediados de enero, en uno de esos comercios de reliquias que aún quedan por el barrio gótico de Barcelona. El perfume de aquella tienda aún permanece en mis recuerdos, como un extraño anhelo de no sé muy bien qué.

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Ruslan Lobanov

•3 octubre 2011 • 5 comentarios

 

Ruslan Lobanov

La segundísima parte de la señora Yvette

•27 septiembre 2011 • 12 comentarios

-¿Sabes, Abril? –Yvette encendió un cigarrillo sosegadamente-, nunca me han gustado estas habitaciones tan grandes y tan sobrecargadas de lujos innecesarios, las encuentro ridículas a más no poder.

- ¿Y por qué te hospedas en ellas?

- Porque no me queda otro remedio –a paso muy lento, se dirigió hacia los enormes ventanales y enmudeció, mientras observaba a través de ellos.

-¿Acaso alguien te obliga a llevar esta clase de vida?

Su respuesta fue una risa de lo más sarcástica. Sin embargo, no articulaba una nimia parte del cuerpo. Parecía un maniquí. Tampoco se dio la vuelta para mirarme. Solo movía el brazo derecho para, de vez en cuando, acompañar el pitillo a sus labios.

Me levanté del extremo de la cama donde estaba sentada, y me dirigí hacia ella.

Observé, también, a través de los cristales. Las vistas eran espectaculares. Bajo aquel piso tan alto, se podían ver perfectamente cientos de azoteas de los edificios que teníamos a nuestro alrededor. Era magnífico.

-  ¿Crees que serás capaz de observar todo el show sin acercarte a nosotros ni un milímetro? –retomó el diálogo sin apartar la vista de la nocturna ciudad.

-  No me has contado nada, solo me has ofrecido mirar, y aún no sé qué es lo que voy a presenciar.

-  Vamos, cariño, no me vengas ahora haciéndote la ingenua, que no te creería ni Dios. ¿Qué crees que vas presenciar en ese contexto?, ¿una sesión fotográfica para Marie Claire? ¡Ja, ja, ja!, me gusta tu sentido del humor. Nos parecemos mucho.

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Cardwell Higgins

•22 septiembre 2011 • 1 comentario

 

Cardwell Higgins

Pequeños descubrimientos

•15 septiembre 2011 • 6 comentarios

Esta madrugada os traigo un juego. Sí, sí, sí… lo habéis leído bien: un juego.

Un pequeño descubrimiento con el que me topé navegando por una de esas webs tan maravillosamente geeks que habitan por la red. De ésas en las que hay vídeos de coreanos recibiendo descargas eléctricas al ritmo de la música, o miles de archivos de vídeos de gatos cantando. Creaciones díciles, rebuscadas,  muy creativas, irresponsables… de ésas en las que, de vez en cuando, se encuentran pequeños tesoros.

Little Wheel nos invita a conocerle más  con una sencilla y sugerente invitación de impresionantes gráficos, acompañados de una melódica pieza de jazz, y haciendo en todo momento que el jugador no abondone hasta terminarlo. Lástima lo corto que es.

Una elección de colores elegantísima,  el genial movimiento de sus protagonistaslos y su decorado, la música… Solo alguien con cierta sensibilidad puede haber creado este juego. Y la verdad es que no me imaginaba que existieran tantos juegos para estetas.

Os recomiendo que lo juguéis cualquier noche, tirados en el sofá; o una tarde lluviosa, con el calor de una infusión en las manos, también fumando un pitillo y bebiendo whisky: todas ellas sosegadamente, claro.

Si tuviérais demasiada luz, apagarlas todas. Y si no tenéis nada de luz, también.

Ya me contaréis qué tal.

Buenas noches.

 

                                                                                                                                          Creación: One Click Dog

Christophe Mourthé

•13 septiembre 2011 • 3 comentarios

 

Christophe Mourthé

Democracia, ¡hostias!

•5 septiembre 2011 • 8 comentarios

A Borja y Pachuca les encanta pasear por las callejuelas del centro histórico de Madrid. 

El Madrid de los Austrias- pronuncia ella con auténtica devoción-, ése en el que solo caminando puedes respirar su historia por cada uno de sus rincones.

Para Borja y Pachuca es uno de los pequeños placeres de la vida. No hay ni un solo año que dejen de visitar la capital española, dicen que –al igual que Londres o París- son inmensamente felices en ella.

El taxi les espera todos los años en Barajas para dejarles en la Puerta del Sol, donde les gusta empezar su visita turística.

Sol, el corazón de la ciudad. A Pachuca le fascina esa enorme plaza rodeada de comercios conocidos y gente de todo el mundo inmortalizando instantes con sus cámaras compactas atosigando al pobre oso, que hasta los cojones de tanto flash, sujeta el madroño.

¡Es taaaaaan divina…! Siempre pronuncia las mismas palabras nada más bajar del taxi.

Pero este año ha sido distinto.

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Xi Pan

•12 agosto 2011 • 2 comentarios

 

 Xi Pan

Yvette, la más furcia

•7 agosto 2011 • 3 comentarios

La señora Yvette es una rica aristócrata, culta y atractiva, que roza la cuarentena. Su clara piel, blanca como la cal, contrasta a la perfección con su cabellera negro azabache. Es una de esas féminas que levanta pasiones allá donde va.

Adora el sexo en todo su esplendor. La relación abierta que mantiene con su segundo marido ha sido, para ella, una vía de escape; una puerta abierta ante el mundo, un manantial de agua pura y valiosa… un retroceder delicioso a su más indómita juventud.

Es sagaz con sus amantes, extremadamente selectiva y puntillosa. A veces pérfida y despiadada con según qué individuos. No obstante, siempre mantiene la calma y actúa con una elegancia única.

Yvette goza del sexo sin compromiso con el beneplácito de su marido, asistiendo a grandes fiestas en las que el placer es el único protagonista. A menudo con acompañantes, tanto  masculinos como femeninos, y a veces sola, en busca de mentes y cuerpos que seduzcan su más refinado apetito sexual.

Es conocida como la mayor de todas las furcias del sur de Francia, bien que lo sabe.  Le gusta, y es más, se regodea con ello.

Dicen que sus felaciones con los guantes puestos son el paraíso. Uno de sus mayores fetiches es el de arrodillarse, súbitamente, ante un buen hombre, seducirle con su mirada felina al mismo tiempo que se relame los labios, y esperar a que se despliegue ante ella un hermoso y palpitante falo. Ella nunca utiliza las manos más que para acariciarse mientras penetran su boca, su coño o su apretado y apetitoso culo. Siempre espera a que la asalten, ella jamás hace el solo ademán de tocar, se limita a esperar con su particular cara de zorra; es entonces cuando nadie se le resiste.

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